Desde 1850 la junta del hospital de la Seu d’Urgell quería establecer una comunidad de hermanas de la caridad, pero varias circunstancias habían impedido que cuajara una comunidad estable. En 1853 el obispo José Caixal toma posesión de la diócesis y uno de sus propósitos es revitalizar el servicio que el hospital ofrecía a los enfermos y a los pobres. Así, en 1858 los administradores de este centro empiezan los contactos para conseguir que Ana María Janer se haga cargo del establecimiento en calidad de superiora.

 

A finales de junio de 1859, obtenido el consentimiento de las administraciones del hospital de Castelltort y de la Casa de Misericordia y la autorización del vicario general de Solsona y del obispo de Urgell, la madre Janer viaja hacia la Seu acompañada de dos postulantes, Concepción Descárrega y Josefa Selva. El 1 de julio, como recoge un acta del hospital de la Seu, Ana María Janer se presenta ante la junta para expresar cuál es su motivación profunda para aceptar el encargo:

 

"Que ella ha venido aquí con el objeto de encargarse de la dirección interior del establecimiento por espíritu de caridad, y no de intereses, contentándose en que se mantenga a ella y a las demás hermanas sanas y enfermas con la decencia correspondiente a su clase y que para calzar y vestir se les dé para cada una de las hermanas la cantidad de ciento sesenta reales vellón anuales y al mismo tiempo que a su muerte se les hagan los funerales a voluntad de la junta, cediendo a favor de la misma todo lo que ganaren con su trabajo."

 

A partir de aquí conocemos bien lo que sucede: presentación y aprobación de la regla de vida del Instituto denominado entonces “Hermanas de la caridad” y además bajo el título de la Virgen Inmaculada, San Vicente de Paúl y San Luis Gonzaga. Sus dos finalidades quedaban bien definidas: la asistencia a los pobres y enfermos y la enseñanza de las niñas. La primera comunidad del hospital de Urgell formada por la madre Janer y las dos postulantes que la acompañan y María Viladomat crecerá de tal manera que pronto el hospital se quedará pequeño y se deberá pedir el convento de Santo Domingo para noviciado de la congregación naciente.

 

Ni que decir tiene el impulso que recibe el Instituto durante los primeros años de la mano de la madre Janer que, incansable, a pesar de su edad, no parará de fundar aquí y allá escuelas, casas de caridad y hospitales en Cervera, Tremp, Oliana, Bellver, Sant Andreu, Organyà, Castellciutat, Llívia, Les Avellanes. Según las crónicas más antiguas de las fundaciones, en éstas fue ella personalmente a establecer las comunidades. En el caso de las escuelas, la táctica era siempre la misma: conseguir que las hermanas obtuvieran las plazas oficiales de maestras.